Una higuera

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Ficus auriculata/MORACEA/Higuera del Himalaya/originaria del Asia tropical (Foto: L. Trujillo Casañas)

Ya lo he dicho en un escrito anterior, he vuelto al Botánico de Tenerife y la experiencia ha resultado ser gratificante. Es un sitio especial que despierta sensaciones íntimas insospechadas. Sabemos que guardamos muchas cosas en la memoria que reviven debido a las evocaciones que despiertan las sensaciones y experiencias. M. Proust, el formidable escritor francés, ha dejado en su prolongado recordar en su obra “En busca del tiempo perdido” maravillosos ejemplos de lo que decimos.

En mis recuerdos aparece una higuera amiga inolvidable a la que visitaba con frecuencia para sentirme en un mundo personal e íntimo dentro de lo que esto pueda significar en la mente de un niño. La luz a través de sus ramas y hojas llega al suelo repartida en puntos brillantes y en verano cuando hacía calor daba gusto sentir el fresco de la sombra que proyectaba. Pero era su fruta y su olor lo que más llegué a apreciar e intimar, se cargaba de higos color marrón surcados por venas blancas, coronados las más de las veces por una gota de savia transparente. Había que subir a sus ramas bajas que aguantaban bien mi peso que a esas edades no es muy grande, procuraba cogerlos uno a uno, respetando siempre la posibilidad de que el corte fuese limpio por el pedúnculo, de esa forma la apreciada fruta no se abría, permanecía entera y preciosa. En pleno verano la comida principal del día se centraba con frecuencia en los higos y las uvas acompañadas con gofio amasado, a mí me parecía un comida muy buena y me parece que también al resto de mis cinco hermanos y mis padres, algo de queso o de pescado y potaje podrían ser otras alternativas, pero la fruta en el verano reinaba en la mesa. Eran aquellos tiempos difíciles para muchas familias.

En el Botánico de Tenerife nos encontramos ante una higuera que nos pareció especial, con frutos no en donde suele ser lo esperado, sino en las ramas sólidas de su interior, como se puede ver en la foto. Para mis adentros ésta también era una higuera, como aquella higuera amiga de mis recuerdos.

 

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